A la atención del señor cazador, de cuya propiedad yo era:
Primero que nada permítame agradecerle no haber crecido a su lado. No
se acordará de mi, porque el resto de mis hermanos seguramente sí
sirvieran para lo que yo no serví, y porque puede que, a éstas alturas,
mi madre ya habrá tenido dos camadas después de la mía (y dentro de
otras pocas, estará al borde de la piómetra y morirá, mejor final para
ella, seguramente, que el de vivir contigo), como para acordarte de ésta
pobre inservible.
Soy esa podenca, de color canela a la que
soltaste en un patio junto a mis hermanos para perseguir un conejo. No
lo seguí, o no lo hice como a ti te gustaba y, me dejaste en medio de la
nada, asustada, hambrienta y con mucho miedo.
Los principios
fueron un poco duros, no te voy a mentir, como soy vulnerable y muy
sumisa, los perros abandonados que había por allí, me pegaban y no me
dejaban comer, así que me llenaron de muchas heridas. Para inri, como no
tenía vacunas, ni protección ni nada (eso lo he descubierto después) me
picó un mosquito y enfermé, aunque no lo he sabido hasta un año
después, yo sabía que no estaba del todo bien, ahora sé que eso se llama
leishmania.
A pesar de eso, fui lista (aunque tu no lo creas,
lo soy, y es que me infravaloras) y me acerqué a una urbanización y me
colé, llorando, famélica y asustada. La gente me daba de comer, no como
tu, y conseguí enternecerles y me llevaron a un sitio que sí, tenía
jaulas y rejas, pero me sacaban todos los días a jugar, me daban
deliciosas salchichas (¡y ni te imaginas lo bien que entran al cuerpo
cuando tienes tanta hambre!), me acariciaban, me cepillaban y me tenían a
resguardo de las lluvias y me podía refugiar con mi amiga galga Mowgly
cuando había truenos y ruidos.
Con el tiempo, salí de ese sitio
con jaulas a la gran ciudad y a una casa, donde tengo dos hermanos con
los que juego un montón. Gracias a estar en casa, me han puesto
tratamiento para mi leishmania, y aunque tengo el cuerpo dolorido por
tantos pinchazos de glucantime, lo cierto es que voy mejorando, porque
me siento mucho mejor y ahora, que estoy tan animada y me empiezo a
curar, tengo muchas ganas de ver mundo y de jugar. Me paso el día
jugando y recostada con mi dueña, que me da caricias y me deja usarla de
almohada. Me dan un pienso buenísimo, y si me quedo con hambre, me deja
repetir, me da chuches cuando hago las cosas bien y no me pega ni me
hace daño. Gracias a mis papis he perdido los miedos que tenía, ya no me
dan miedo los escaparates, ni las bolsas, ni los señores extraños que
se parecen a ti.
Tengo un montón de amigos peludos y no me hace
falta pelear con ellos para conseguir comida, porque mi mami siempre me
da de comer, nunca se le olvida mi ración abundante de pienso, ni mis
chuches, ni mis medicinas.
Los fines de semana y alguno que
otro entre semana, me voy con esos amigos peludos al campo, y me sueltan
para que corra con ellos. No me hace falta perseguir conejos ni cosas
de esas, hacemos largas caminatas en el campo y trepo, subo, corro,
salto, sólo por placer, y cuando vuelvo de la carrera, siempre me dan un
premio, siempre y pase lo que pase. Además, cuando no vamos al campo,
vamos a un parque canino, que es un sitio así grande con vallas y eso
para soltar a los perros, así que todos los días puedo jugar con mis
amigos del parque y con mis hermanos y estar mucho rato suelta.
A
veces damos largos paseos amarrados con correa, pero me encanta, porque
así voy más cerca de mi mami y no corro ningún peligro y evito que otro
señor como tu me coja para probarme y dejarme otra vez tirada.
Te doy las gracias, por dejarme por inservible, porque así ahora puedo
disfrutar de ésta vida de salidas, campo, carreras por placer, mimos,
comida abundante y tratamiento veterinario para curarme, si no fuera por
eso, seguramente en un par de años hubiera muerto por la leishmania,
pero por fortuna, ni tu has sido capaz de acabar con mi vida, al
contrario, me has dado la mejor vida que nadie pudiera soñar. Ojalá mis
hermanos tuvieran la misma, ojalá, tu no estuvieras en la faz de la
tierra y mis hermanos no tendrían que conocerte y sufrirte.
Piénsalo bien, no hay nada como ser de caSa, tienes suerte de que mis
hermanos son la nobleza, porque si supieran lo que hay al otro lado de
las cacerías, no dudarían en cazarte a ti, para ser perros de caSa, pero
bueno, eso de matar es cosa tuya ¿no? Lo nuestro es ser leales, aunque
nos vaya la vida en ello.
Dales ánimos a mis hermanos para sobrevivir a ti.
Atentamente.
Ronda."

No hay comentarios:
Publicar un comentario