Salvar a un perro
Le ruego que lea este artículo con mente abierta
antes de hacerse la consabida y muy desafortunada pregunta: “¿Con la de
niños que se mueren de hambre, vamos a salvar a un perro?”.
Sí, hay muchos niños que mueren de hambre, pero, afortunadamente, no en España. En España, sin embargo, se abandonan cien mil perros al año.
Con la llegada de la crisis, las perreras y los refugios se han
saturado. Y esta epidemia de abandonos me demuestra lo que ya sabía: si
te compras un perro como quien se compra un bolso, pagando por un cachorro sólo
porque la raza se ha puesto de moda, es tan probable que lo abandones
como que dejes de lucir el bolso cuando pase de temporada. En una
perrera, puede usted elegir la raza que quiera: sharpeis, yorkshire,
bichon, Jack Russell, carlinos, pitbulls… Perros que se venden en
criaderos a partir de 300 euros el cachorro.
En España podemos presumir de ser el
único país que no cuenta con una ley de protección animal nacional. Esto
quiere decir que aunque en teoría abandonar o maltratar a un animal
está multado, en la práctica es una acción que queda impune. Y quiere
decir que en las perreras españolas se sacrifican perros y gatos incluso
si a escala europea se ha demostrado que la reubicación de los animales
en casas de adopción o de acogida no es sólo una medida más ética sino…
¡más barata! Las protectoras de animales, gestionadas por voluntarios y
sin contar en su inmensa mayoría con subvención, se las ven y se las
desean para salvar a algunos de los condenados, en muchos casos
enviándolos a Alemania o Francia, países con mayor conciencia
animalista, en los que el abandono está penado, y la venta,
estrictamente controlada.
A los que me dicen: “¿Por qué preocuparte de los
animales y no de los niños?”, les respondo siempre: “Perdona, y tú ¿ qué
haces por los niños?”. Y resulta que estas personas nunca, nunca, son
socias de ONG alguna. También podría decirles que me preocupo mucho por
los niños precisamente porque el hecho de que sienta empatía por un
perro me capacita para sentirla por cualquier persona en dificultades. O
podría contarles que los animales son los mejores amigos de los niños.
Y sobre todo, podría decirles que la idea de que
el hombre es superior al resto del reino animal es ridícula. De hecho,
somos la peor entre todas las especies animales, la más dañina, la más
violenta, la que se multiplica sin control, la que destroza su propio
hábitat, la superdepredadora. En contadísimos y extremos casos un animal
no racional mata a un congénere. Y desde luego ningún animal no racional
extermina a una colonia de congéneres. Pero nosotros no sólo estamos
destrozando el planeta en el que vivimos sino que ni siquiera sabemos
cuidar de nuestra propia especie: Somos siete mil millones de personas.
Mil millones sufren hambre y desnutrición debido, precisamente, a la
codicia y a la explotación de sus pares.
Y les diría, por último: esta Navidad muchos niños van a pedir un
perro. Por favor, no lo compre, y convenza a sus amigos y familiares
para que no lo hagan. Para que adopten uno de los cientos de miles de
perros que esperan un hogar en cheniles de perreras y protectoras de toda España.
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