Copio:
Aquí, una muestra de como se puede marchar hacia atrás...
de lo que valemos para los políticos una vez que llegan a la silla del poder...
de como son capaces de poner a un lobo a vigilar las ovejas...
Fue una premonición.
En el primer retrato que le hizo La Vanguardia ya
nos
informaban que a Josep Maria Pelegrí, "pese a ser el conseller de
Agricultura y Medi Natural, confiesa que no le gustan los animales".
Lo que ha venido después ratifica con rotundidad de sus gustos.
En
sólo un año ha tenido tiempo de inaugurar ferias de cazadores
(fotografiándose cual Rambo con armas), de alargar la temporada de caza
para algunas especies, de insinuar que se cazara a jabalíes con "arcos y
flechas", de crear una nueva licencia de pesca recreativa y hasta de
suprimir la tasa para pescar en determinadas embarcaciones. Y, en
paralelo, en un año no ha tenido tiempo de recibir a las entidades
animalistas (parece que solo FADA tuvo su momento de gloria) y no ha
desarrollado ninguna de las políticas de protección de los animales que
ya estaban avanzadas.

Se
acumulan en la conselleria todos los temas pendientes que tienen que
ver con esa protección –el listado es muy largo–, y que sin duda no son
su prioridad.
Pero
lo más grave llegó en septiembre y se supo a través de las webs de
cazadores, que lo titularon así: "Notición, se permite la captura de
fringílidos en Catalunya", y en ella se explicaba que la Federación
Catalana de Caza había conseguido que por decreto ley se autorizara
dicha caza incluso de hembras, hasta ahora completamente prohibida.
Esta
desprotección de aves salvajes está extremadamente limitada por las
normativas estatales y europeas, pero Catalunya ha decidido ser menos
europea que nadie.
Y
por ello mismo Pelegrí usó el recurso del decreto ley, que es un
trámite exento de información pública y que sólo se usa en casos de
"extraordinaria y urgente necesidad".
Es decir que era urgentísimo para Catalunya poder dar caza a canarios, verdecillos, pinzones y el resto de pobres pajarillos.

En
este caso, pues, además de tomar decisiones a favor de los intereses de
los cazadores, el conseller abusó sonoramente del trámite de urgencia,
sin duda para librarse del debate y las alegaciones que podían
interponerse.
Se le llama nocturnidad y alevosía.
Pero no acaba aquí el amor infinito de este conseller por los animales.
Y
ahora se presenta otro decreto que tiene como objetivo eliminar la
autorización para la venta de pequeños animales en ferias y certámenes y
también elimina el informe favorable del Ayuntamiento hasta ahora
exigido.
Nuevamente se plantea el decreto sin abrir ninguna consulta con entidades animalistas.
Las consecuencias de este decreto serán catastróficas: menos control, más desprotección y más abandono de animales.
Hasta aquí su política de protección de los animales, y en menos de un año de estar en el cargo.
Es todo un récord.
La
pregunta es simple: ¿quién tuvo la idea de poner la protección de los
animales en manos de un político que no los puede ni ver?
Título de la película: Durmiendo con su enemigo.

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